Quejarse puede llegar a ser un problema

quejarseSegún en qué contexto, quejarse puede ser una habilidad muy útil o un gran problema. En esta ocasión nos vamos a centrar en los peligros de la queja.

La queja es aliviante porque al compartir una sensación negativa con otras personas nos podemos sentir entendidos, e incluso existe la posibilidad de que nos ofrezcan algún remedio para nuestro malestar. Lo que ocurre es que quien las recibe no siempre saben gestionar de manera adecuada esas quejas. Puede ser que se vean impulsadas a dar una solución (la tengan o no). Quejarse produce con frecuencia presión sobre quien recibe la queja. Sin quererlo se puede transmitir la sensación de responsabilidad sobre su malestar. Puede parecer que ante la queja, el otro debe ser capaz de encontrar algún consejo o solución para que de ese modo el malestar desaparezca. Esta percepción de quien recibe la queja puede ser cierta o no, pero la realidad es que tiende a ponerle al receptor, a la defensiva sobre todo en los casos en los que se repite. Si se establece esta dinámica de incomodidad, se potenciará también la tensión en el que se queja. Se sentirá criticado, y percibirá las respuestas en los demás como si le estuvieran diciendo: «si te quejas es porque quieres». Cuando se recibe esa respuesta aumenta la posibilidad de sentirse mal y ponerse a la defensiva.

Las otras personas no siempre saben gestionar de manera adecuada las quejas

Padecer un dolor crónico implica muchos malestares asociados a la queja y a la manera en la que se expresa. La mayor parte de las personas que sufren dolor crónico gestionan mal su petición de ayuda y la manera en la que comparten su dolor. Es una situación que potencia las dinámicas que detallaba en la introducción. No saber pedir ayuda adecuadamente potencia que las amistades se rompan o que se produzca un distanciamiento.

No saber pedir ayuda o no saber quejarse puede ser motivo de rupturas y aislamiento

Las quejas pueden aparecer como consecuencia de ansiedad, miedos, inseguridades, dolores… Para que la queja no dañe a las relaciones que tenemos con otras personas es necesario tener en cuenta algunos consejos:quejarse

unoInteresarse por las necesidades de quienes nos rodean y participar de soluciones para sus necesidades. Centrarse solo en uno mismo transmite egoísmo y falta de interés. Lo normal es que a los demás les incomode.

dosCompartir pensamientos y objetivos que no tengan que ver con la preocupación, el malestar o el dolor.

3Explicar qué necesidad tenemos y qué buscamos al compartir nuestra queja: queremos una solución, un desahogo, una alternativa, un consuelo… Esto ayudará a reducir la presión sobre el que recibe la queja. Sabrá cuál es su papel que se espera de él y no se sentirá incómodo. Hay que cuidar al que nos cuida.

Cuidar al que nos cuida

4La enfermedad, el dolor, la angustia… la padece uno mismo, no los demás. Hay que buscar información sobre el problema o incluso se puede pedir a otras personas que lo hagan por nosotros, pero quien lo sufre no son ellos. Por eso hay que comprometerse con lo que se siente. En las fases iniciales es difícil conseguirlo, pero poco a poco hay que construir desde el malestar que hay, y no desde el anhelo de que éste desaparezca cuanto antes. Los que nos rodean pueden hacer equipo, formar parte de la solución, nunca convertirlos en un problema.

5La molestia, el dolor o la angustia es incómoda, especialmente cuando se cronifica. Cuando no se habla de un trastorno crónico hay que recordar que el malestar en algún momento pasará, pero hay que darle los tiempos adecuados para que pueda desaparecer. Cuidado con la impaciencia, agrava mucho el malestar subjetivo. La capacidad de cada persona para soportar el malestar está muy condicionada por las experiencias de dolor que ha tenido, más en concreto con la manera en la que se haya afrontado.

Cuidado con la impaciencia, agrava mucho el malestar subjetivo

6Cuidado con decir solo lo que no se quiere, en lugar de lo que sí. De nuevo eso distancia al entorno y dificulta obtener el apoyo necesario.

7Tolerar el malestar sea el caso desde una contractura de espalda a un tratamiento para el cáncer van unidos a su proceso correspondiente. No ajustar expectativas es garantía de bloqueo y malestar. Nos agobiará que las cosas no evolucionen rápido, nos desesperará no poder hacer cosas que antes sí podíamos, nos enfadará estar más cansados de lo deseable, el dolor, o la dependencia de otras personas. Todo por no querer vivir esa situación y querer otra realidad diferente. No tolerar el malestar agrava la incomodidad y la queja al desajustar las expectativas sobre lo que vivimos y no nos gusta. Lea más sobre este tema en el artículo: «La capacidad para tolerar el malestar es uno de los factores que potencian la felicidad«, creo que le resultará interesante.

 

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Autor:Fernando Azor

Psicólogo clínico y director de PsicologodeCabecera.com y de Gabinetedepsicologia.com.

4 Respuestas to “Quejarse puede llegar a ser un problema”

  1. Ani
    julio at #

    Me ha resultado muy interesante leer sobre la imagen que se transmite cuando nos quejamos reiteradamente. Y me gustaría saber si esto se aplica también a situaciones vitales en las que no hay dolor físico sino a otras circunstancias difíciles de las que cuesta encontrar salida.

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