¿Qué tipo de pautas educativas son más adecuadas para mi hijo? Parte 2/3

En la primera parte de este artículo definimos los estilos educativos y unas características en los niños que de algún modo les definen. La interacción entre las características del niño y las pautas educativas de los padres producen diferentes consecuencias. Al hilo de estas definiciones podemos preguntarnos algunas cuestiones, “¿Tengo que utilizar otras pautas educativas para guiar a mi hijo ante frustraciones, errores, éxitos…?” Por medio de la siguiente tabla puede valorar el resultado que se produce cuando un estilo educativo interacciona con un tipo u otro de niño:

 
Autoritario/
Coactivo
Controlador
Permisivo
Asertivo/
Equilibrado
Inquieto/impaciente
A B C D
Explosivo/
“Enfadica”
E F G H
Empático/
Adaptable
I J K L
Temeroso/
Evitativo
M N Ñ O
Inhibido/Pasivo
P Q R S

¿Qué efecto produce mi estilo educativo en la personalidad de mi hijo?

Con niños inquietos e impacientes, los diferentes estilos educativos producen estos efectos.

A. Estilo autoritario: La inquietud es una característica intrínseca del niño. No es sólo una cuestión de voluntad el ser capaz de quedarse quieto o no desear inmediatamente algo apetecible. Cuando se traslada de manera autoritaria un límite a su comportamiento, a menudo con impaciencia también por parte del educador, lo normal es que se generen conflictos que se alargan en el tiempo. Lo normal es que el educador viva el comportamiento del niño como intencionado, y que el niño se sienta frustrado al intentar algo que no es capaz de conseguir. Ambas partes sienten que “pierden”.

Un estilo autoritario en niños inquietos, puede crear frustración e ira contenida en el niño, produciendo más oposicionismo hacia la figura de autoridad.

B. Controlador: Por la cercanía de este estilo con el anterior, parte de los efectos descritos para el estilo autoritario, se producirán también para este. Digamos que aunque no se controle siempre desde el estilo autoritario, lo normal es que la dificultad para cambiar del niño aumente en la medida en la que se esté indicando cada error para que lo cambie. No dejar un espacio para el aprendizaje y el cambio, normalmente precipitará más bloqueos y conflictos, ya que ambas partes se sentirán frustradas e incapaces de relajarse o agradar a la otra.

La parte controladora se sentirá agotada, y el niño inquieto agobiado y censurado continuamente.

C. Permisivo: es una buena mezcla la de padres permisivos y niños inquietos, en la medida en la que se le deja el espacio suficiente para que aprenda de y con las propias consecuencias de sus actos, en la medida en la que se respetan las necesidades y tiempos del niño.

Sin embargo una permisividad excesiva, llevará al niño inquieto a pensar que “todo vale”, que no hay límites, que sus necesidades no tienen freno. Hay que tener mucho cuidado en este sentido y como hemos comentado se trata de “permitir” al niño, mientras es acompañando y supervisando.

D. Asertivo: el estilo asertivo es el que invierte las ventajas del estilo permisivo, para potenciarlas al acompañarlas de límites.

El educador que utiliza las técnicas asertivas conoce las dificultades del niño al que se enfrenta, sus necesidades y sus potencialidades y las canaliza.

Busca espacios abiertos para que se expanda, actividades distractoras para momentos más restringidos o aburridos. Refuerza y atiende la energía que el niño tiene, responde a sus inquietudes, pero también marca las consecuencias de acciones inadecuadas, y hace que se cumplan.

El niño va aprendiendo los límites de su conducta, y el autocontrol.

Las mejores pautas educativas para los niños inquietos/impacientes son:

los niños con estas características requieren atención, afecto, aceptación y reconocimiento. Por tanto necesitan que los padres sean pacientes, ya que con frecuencia desbordan a sus padres con peticiones y llantos. Y requieren al mismo tiempo que se les marquen los límites, quizá más laxos y acomodados a la inquietud de los niños, pero límites.

El estilo asertivo suele ser bastante adecuado para manejar a este tipo de niño.

Con niños explosivos/”enfadicas”, los diferentes estilos educativos producen estos efectos.

E.- Estilo autoritario: con el niño Colérico hay que aprender a negociar. Si se le habla imponiéndole siempre los límites y no dando explicaciones, se potencia su característica de personalidad y tenderá a enrocarse en posiciones poco productivas. Estos niños quieren tener la razón y su deseo principal es el de controlar.

Igual que sucede con los niños inquietos, la imposición, aumenta la posibilidad de generar ira en su interior, y de potenciar la oposición e imposición de sus necesidades, de forma “agresiva”

F.- Controlador: La interacción entre este estilo educativo y este perfil de niño puede ser explosivo. Normalmente producirá un choque de trenes con poco beneficio para ninguno de los dos. Si el padre quiere imponer su disciplina por medio de la autoridad, que presupone tener por el hecho de ser padre, lo normal es que acabe en un conflicto constante. Lo habitual es caer en la desesperación de ambas partes al sentirse incomprendidos y con frecuencia, llenos de rabia hacia el otro.

G.-Permisivo: este modo de educar puede funcionar bien con algunos niños explosivos o coléricos. Cuando la frecuencia de las rabietas o conductas “agresivas” es elevada, no prestar atención a las mismas, evitará que caigamos en un tipo de atención, que aunque con intención correctiva, puede resultar beneficiosa para el niño al sentir que “controla” nuestra reacción.

En su justa medida, dejar que el niño saque la rabia, sin atenderle o corregirle en ese momento, puede ayudar a que se calme, y de esa manera poder intervenir, sin caer en una “batalla campal” con el niño.

Sin embargo esta “extinción”, que en apariencia permite al niño expresar su rabia o queja, tiene que ir acompañada de la puesta de unos límites acotados por los padres y de un análisis reflexivo y constructivo para actuaciones de futuro.

Saber esperar a que baje el estado de excitación/activación del niño, es necesario. Y desde ese estado emocional, se puede dar salida a la posible petición del niño, marcando límites. Por ejemplo cuando el hijo no quiere hacer algo, como no querer vestirse, y corre por todos lados, se puede tratar de negocia con él. No sólo dar ordenes. Esto hace que sea más sencillo conseguir la atención y la colaboración del pequeño. ( “Cuando estés calmado y quieto, podrás elegir entre llevar el vaquero o el chándal”)

Hay que tener cuidado con una permisividad cómoda y excesiva. Ceder, o “mirar para otro lado” con frecuencia, puede ser una trampa peligrosa al ser una estrategia fácil de usar, por ser a corto plazo una manera de evitar conflictos y rabietas con un niño explosivo.

H.- Asertivo: De nuevo este modelo es muy adecuado para lidiar con este tipo de niños, completando las posibles deficiencias del permisivo. Potencia la colaboración y genera motivación, capacitándonos para negociar y llegar a acuerdos cuando sea posible. En ocasiones las normas serán incuestionables (cruzar de la mano, ponerse un abrigo para salir a la calle), y desde la asertividad se sabrá dirigir con firmeza, pero sin agresividad.

Las mejores pautas educativas para los niños explosivos/”enfadicas” son:

El niño explosivo comparte algunas características con el inquieto, si bien acaba mostrando su frustración y enfado por medio de rabietas, gritos… con mayor frecuencia. Necesitan que se les reconozcan sus logros, que se les dé la oportunidad de guiar y liderar en algunos juegos y retos, respondiendo bien a la asignación de tareas en donde se les pueda reconocer su utilidad en la casa. Hacerles partícipes de algunas decisiones familiares ayuda a su bienestar y seguridad personal.

De nuevo el estilo asertivo y el permisivo pueden ser útiles y aconsejables, siempre entendiendo que cuando se habla de estilo permisivo no nos referimos a la falta de límites y al todo vale.

Es recomendable no usar un no rotundo, funciona mejor un no negociado. Nunca hay que dejarse dominar, y por eso hay que mostrar autoridad, pero intentando que sea el refuerzo y no el castigo el que regule la relación con el niño. Le recomiendo que pinche sobre el artículo: “me siento culpable porque grito todo el tiempo a mis hijos”, cuento muchas cosas interesantes.

Con niños empáticos/colaboradores, los diferentes estilos educativos producen estos efectos.

I.- Estilo autoritario: el estilo autoritario consigue con facilidad que estos niños reaccionen y se adapten a las normas que se les trasmiten. Puede que no les guste lo que les dicen pero suelen ser capaces de posponer sus necesidades con el fin de no generar más conflicto. El problema es que es fácil generar muchos sentimientos de culpa hacia el malestar del adulto, bajando su autoestima si no se modera la presión sobre el niño. Tienden a priorizar las necesidades del adulto sobre las suyas propias, buscando agradar y cubrir las expectativas de las figuras de autoridad. Se puede activar cierta tendencia a la sumisión .

A menudo este estilo educativo produce en ellos éxito académico y personal en la infancia, por lo que se tiende a reforzar el uso en exceso, de este estilo con ellos, sin ser necesario. Ello puede producir en la edad adulta, una autoexigencia que le dé “éxito” profesional y social, a costa de elevados niveles de ansiedad en el día a día, reduciéndose bastante su calidad de vida.

J.- Controlador: se reproducen muchas de las interacciones que he comentado para el estilo educativo autoritario. En este caso es la necesidad de control del educador la que lleva a minar el sentimiento de autoeficacia y seguridad en el propio criterio del niño. Se genera así una tendencia a la sumisión ante la figura de autoridad, y posibles conductas de auto exigencia para complacer a todos, que pueden crear sensación de ansiedad a medio plazo.

Es fácil que el perfil empático, por no molestar a la figura controladora, incluso por valorar que lo que hace es “por su bien”, tienda a mimetizarse con sus conductas de control, y tienda a repetirlas, pudiendo tender en el futuro al control de los demás, como una muestra de amor.

K.- Permisivo: este estilo educativo suele funcionar bien con estos niños. Es decir que no necesitan una supervisión tan exhaustiva como la de otros niños con características diferentes. Por supuesto el extremo en el que no haya límites no puede ser bueno, pero la capacidad para ser tolerantes, apoyar y gestionar los tiempos es beneficiosa para el niño empático/colaborador. Se le da protagonismo.

La atención, y no la acomodación a lo “fáciles” que suelen ser estos niños, es muy importante para reforzar su autoestima. O por el contrario, se les puede dejar hacer tanto a su manera, que se les puede potenciar un “exceso de seguridad”, que fomente una personalidad soberbia en el futuro.

L.- Asertivo: este modelo educativo encaja muy bien con estos niños. Dosifican la presión y potencian las características que ya “vienen de fábrica”. Quizás el exceso de diálogo, o el querer que entienda cada norma o límite que se le ponga, podría ser el principal problema para su educación. Puede generar más rabietas e inconformismo al creer que todo tiene que ser adecuado, justo, proporcionado… Y por desgracia no siempre es así.

De nuevo el refuerzo con nuestra valoración y reconocimiento de sus conductas colaboradoras e inteligentes a nivel emocional, es muy importante para su autoestima y seguridad.

Con la asertividad es más fácil que se tengan que enfrentar a soluciones negociadas, en las que vean frustradas algunas de sus intenciones, reconociendo la de los demás.

Las mejores pautas educativas para los niños empáticos/colaboradores son:

Puede suceder que, sintiendo y viendo como “lo normal” la capacidad de adaptación, empatía y negociación en los posibles problemas del día a día de estos niños, dejemos pasar las oportunidades para valorar y premiar las conductas exitosas a nivel personal y social que emiten.

Por ello es importante dejarles desarrollar sus soluciones, reseñar lo exitoso de sus intervenciones y premiar su capacidad negociadora y resolutiva.

Al mismo tiempo conviene animar a que no confundan la negociación y el diálogo con la sumisión. Dejemos por lo tanto que expresen sus criterios y opiniones, antes de invitarles a ceder por evitar un conflicto, permitiendo que comprueben que el conflicto en ocasiones es algo necesario y positivo.

Tratemos de que no sean siempre los que ceden o dan, por hacernos la vida más fácil.

Por último es importante que constatemos que saben escuchar, aceptar y poner en práctica puntos de vista de otros niños, quizá valorados como menos hábiles desde su perspectiva. Dejar que el niño crezca pensando que sus criterios son los únicos y los más efectivos, puede llevarle a un engreimiento que también puede ser perjudicial.

Este artículo, junto con sus otras dos partes, está escrito por Lorena López y Fernando Azor 

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Autor:Fernando Azor

Psicólogo clínico y director de Gabinetedepsicologia.com

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