Pienso que si le compro todo lo que quiere, cedo a sus caprichos, conseguiré que me quiera.

Conseguir que alguien me quiera a corto plazo, probablemente pase por ceder y complacerle en todo lo que desea. Sin embargo a medio plazo ese aparente amor puede transformarse para el que se recibe, en cierta sensación de control sobre el que da y saciación de él. Y por parte del que cree que ama, puede transformarse en dependencia, o en rabia, frustración, vulnerabilidad y agotamiento.

Lo difícil es conseguir que alguien me quiera más allá de la satisfacción de mis necesidades exclusiva y egocéntricamente.

Ceder ante la demanda caprichosa y manipulativa de un niño, implica vulnerabilidad y sumisión. Y eso el niño lo percibe, y lo utiliza de forma negativa. Le genera inseguridad, pues no hay figura de autoridad que le de protección.

Es importante marcar límites en la educación. Son barandillas firmes que dan seguridad en el desarrollo de nuestros hijos y les permite valorarnos y querernos de forma sana.

Ten en cuenta las siguientes tareas, quizás te ayuden con este tema:

Tarea 1: resistirme a sus caprichos

Manejar rabietas cuando no consigue lo que quiere.

Descripción: retomando la idea de que ceder a la demanda manipulativa y caprichosa de tu hijo, le hace sentirse más inseguro y a ti más vulnerable, te voy a proponer una tarea muy eficaz para ayudarte a manejar estas situaciones: quiero que trates de ignorar, y eliminar toda atención cuando tu hijo se enfade ante alguna negativa tuya. Deja que se desahogue, y saque la rabia y el enfado que su frustración le ha generado.

Describir aquellos comportamientos de tu hijo que te gustaría que él llevara a cabo para que estuvieras más satisfecha. Descríbelos de la de forma más concreta y descriptiva que puedas. Después pregúntate si esa conducta es totalmente necesaria para el buen comportamiento adecuado de tu hijo, o es más una exigencia que podrías flexibilizar. Para ello me gustaría que ordenaras los comportamientos que has escrito por orden de importancia, según el beneficio que tendría para tu hijo hacerlo o no (lavarse los dientes todos los días, estudiar “X” horas, estar sentado a la mesa hasta que todos hayamos terminado…)

Después, me gustaría que trataras de flexibilizar esa expectativa bajando el nivel de exigencia un poco en las que has valorado como menos importantes (lavarse los dientes día sí, día no, que estudie X-1 hora, que esté sentado a la mesa…) Escribe cuál será ahora tu expectativa concreta. Pasada una semana escribe también las consecuencias reales que tuvo bajar tus demandas: era tan importante que hiciera lo que le pedías al principio? Estás más tranquila ahora?

Trata de ser fiel a esta bajada de exigencia, tolerando el malestar que te genera el consentir que tu exigencia sea menor de lo que te gustaría.

Premia o valora el comportamiento de tu hijo cuando sea capaz de acercarse a esos objetivos menos exigentes.

Posología: haz la lista y la valoración lo antes que puedas. Proponte bajar tus expectativas en los dos comportamientos que menos importantes son para ti. Hazlo durante cuatro una semana. Ten un punto de vista más flexible. Refuerza sus mejorías. Cuando haya mejorado el comportamiento de tu hijo en alguna de ellas o haya mejorado el ambiente entre vosotros, puedes pasar a otros dos comportamientos más importantes. Así hasta completar tu lista.

Nuestro objetivo es que bajes tu nivel de exigencia poco a poco para aquellos comportamientos que os causan problemas con vuestro hijo. A corto plazo te generará más ansiedad aceptar que no va a cumplir con todas tus expectativas, e incluso por sentir que él está ganando. Pero a medio plazo verás como en ocasiones priorizábamos el cumplimiento de nuestros criterios algo rígidos sobre el aprendizaje de nuestro hijo. Comprobarás como la ansiedad si no cumple es menor, e incluso que la probabilidad de que haga lo que esperamos aumente.

Tarea 2: motivar para el cambio

Reforzar las aproximaciones a la meta deseada

Descripción: retomando la idea de que en ocasiones es la percepción que tiene el niño de que la meta propuesta es demasiado difícil, o está demasiado alejada de su capacidad, lo que le hace desistir de la misma, te voy a proponer una tarea muy eficaz para este fin: quiero que trates de buscar una o dos comportamientos que quieres que tu hijo realice, y que actualmente no consigue llevar a cabo. Divide cada una de ellas en acciones o pasos más sencillos, menos ambiciosos, que tu hijo puede llevar a cabo para ir acercándose al objetivo final (lavarse los dientes correctamente: que lo haga acompañado por nosotros, que lo haga durante un intervalo de tiempo menor al deseable, que lo haga después de dos avisos en lugar de tener que enfadarnos con él para que lo haga…).

Durante una semana valoraremos (alabándole, comprándole una pasta de un sabor más atractivo, jugando a algo después de que haya logrado mejorar en algo…) cada paso que dé.

Posología: haz este ejercicio con dos conductas sencillas, que tengan probabilidad de ser conseguidas por tu hijo. Trata de pensar qué acercamientos a ellas premiarás, y hazlo sin reproche ni ironía, durante más tres o cuatro semanas, en función de sus avances. Ve subiendo la exigencia poco a poco, hasta que alcance un nivel aceptable para la edad de tu hijo e importancia de la tarea. Tras ello podemos pasar a otras dos conductas, e intentar hacer lo mismo. Si premiamos esos acercamientos la probabilidad de que consiga hacer lo que deseamos a medio plazo será mayor, y por tanto mayor será también la probabilidad de que el intercambio de conductas positivas entre él y nosotros sea mayor, también crecerá. Ese amor o sentimiento positivo entre las dos partes crecerá.

Nuestro objetivo es que potencies un concepto del amor más concreto, que se crea y reaviva con nuestra conducta. Depende de nosotros.

limites en la educación

Tarea 3: “No va a por mi”

 Ver las causas del oposicionismo de nuestro hijo

Descripción: cuando nuestro hijo no consigue alcanzar las expectativas que tenemos sobre él, tendemos a pensar que nos está tomando el pelo, o que nos quiere retar. Pensar que lo que hace para fastidiarnos, puede crear en nosotros más rechazo y ansiedad. Para que nuestros pensamientos no nos impidan buscar los motivos que pueden estar frenando a nuestro hijo a actuar de esta manera, te voy a proponer una tarea muy eficaz:Quiero que trates de retomar el listado de las conductas que quieres que tu hijo mejore en casa. Después trata de buscar al menos cinco motivos por lo que tu hijo actúa como lo hace: llamar la atención, pereza, enfado, orgullo… Trata de crear una fórmula diferente a la que sueles utilizar para proponer que haga lo que deseas, minimizando el freno que hemos detectado que él puede tener para hacerlo ( le daré atención después de que lo lleve a cabo, si es por pereza le dividiré en tareas más sencillas, o le ayudaré, si es el enfado buscaré esperar a que esté más tranquilo..)

Dependiendo de la edad de nuestros hijos podemos hablar con él e intentar introducirle en este proceso de análisis de sus frenos, y negociar con ellos las soluciones posibles.

Posología: haz este ejercicio con aquellas conductas que más le cuesta cambiar a nuestro hijo. Trata de pensar tantas alternativas de frenos que le impiden cambiar y de soluciones como puedas. Ve implementándolas poco a poco. Sé consistente. Frena los pensamientos negativos que te llevan a ver una intención malévola contra ti. Es más racional pensar que si no actúa de otra manera es porque no le compensa, porque lo que le impide actuar de forma adecuada, es mayor de lo que recibe si se comporta bien.

Nuestro objetivo es que veas la mala conducta de tu hijo de una forma más racional, con motivos no personales, y de solución más práctica.

Conclusión 1: Necesidad de control.

Las personas “estamos entrenadas” para encontrar soluciones a todo. Pero cuando se trata del comportamiento de otra persona, en este caso nuestro hijo, no nos damos cuenta de que no todo depende de nosotros ya que entran sus propias motivaciones y valores para actuar.

Así pues pensamos que presionando lo suficiente, o cediendo completamente, podremos conseguir aquello que deseamos de él. Sin embargo será necesario dedicar tiempo a estudiar las necesidades y los frenos que le están llevando a actuar así, para tratar de crear un sistema de ayuda y recompensas que le permitan ir cambiando aquellas conductas que creamos que no son adecuadas.

Conclusión 2: Expectativas no realistas.

Definir bien nuestra expectativa, valorar con realismo lo que podemos o no esperar dada la edad y la historia de aprendizaje de nuestro hijo, es fundamental en este proceso.

Si no valoramos con objetividad su capacidad y lo asequible de nuestra demanda, en función no sólo de nuestras necesidades sino de sus necesidades también, sentiremos que la situación no es modificable y sentiremos un gran sentimiento de indefensión.

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Autor:Lorena López Muñoz

Psicóloga

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