Perfeccionista patológico

perfeccionista

Si alguna vez ha pensado que no existe otro camino en su vida que la perfección absoluta de cuanto haga o hagan, es el momento de que se plantee si es víctima de un problema psicológico serio. En concreto del síndrome del perfeccionista o anancasticismo. Es normal que se deseen hacer las cosas lo mejor posible, tener buena fama en nuestro trabajo o ser un punto de apoyo para nuestro entorno afectivo. El problema surge, cuando no nos basta la intención de dar lo mejor de nosotros mismos, y se convierte en una obsesión, ser considerados infalibles en todo lo que hagamos y a todo cuanto nos enfrentemos. El fracaso no tiene cabida en nuestro mundo. Esto hará que el umbral de la frustración sea mínimo y el errar se convierta en la peor de nuestras pesadillas.

¿Pero por qué se llega a tener este comportamiento? ¿Qué nos empuja a convertirnos en seres perfectos?

Según cuentan en su libro los Dres. Manuel Álvarez Romero y Domingo García Villamisar (“El síndrome del perfeccionista: El anancástico”, ed. Almuzara 2007), se puede deber tanto a un factor genético como cultural. Se ha podido nacer con este problema, o bien las circunstancias que rodean al individuo han hecho que desarrolle tal síndrome. Las circunstancias en las que se puede producir este trastorno son las siguientes:

  • Niños que únicamente obtienen el beneplácito paterno si son perfectos
  • Imitación de actitudes perfeccionistas de los padres
  • Vía de escape ante una situación familiar caótica, de esta manera se cree alejarse de dicho ambiente. Ser diferente es importante.
  • La presión ambiental puede llegar a condicionar mucho, como por ejemplo los medios de comunicación, que incitan a tener una imagen impecable.
  • Respuesta ante un sentimiento de inferioridad, necesitan demostrar que en realidad son extraordinarios.

El perfeccionista desarrolla una gran hipersensibilidad, es muy vulnerable a las opiniones de los demás., si bien el crítico más cruel será él mismo, necesita ser siempre aceptado y apoyado. No tolera el rechazo o el fracaso, convirtiéndose en una gran obsesión. Debido a esto, evitará cuanto pueda situaciones que considere peligrosas, sensaciones nuevas o retos desconocidos. Necesita moverse en una franja de confort, donde no haya opción a enfrentarse a futuros errores, por pequeños que sean.

El perfeccionista tolera mal los errores

No es de extrañar que, al vivir en un estado ansioso permanente en busca de la perfección, lleve al afectado a hacía un desgaste progresivo tanto psicológico como físico. Los trastornos psicosomáticos frecuentes que nos podemos encontrar son:

Y en casos más graves se llegan a desarrollar enfermedades como la fatiga crónica o la fibromialgia. A tal extremo puede llegar el terrible desgaste de ese gran sufridor que es el perfeccionista.

Otro de los grandes dragones que pueden aparecer en el mundo del aquejado de este síndrome, es la Procrastinación. Es un dragón muy temible, pues obliga a dejar eternamente para mañana cualquier actividad importante, a la que deba enfrentarse el perfeccionista. Nunca está preparado. Siente un temor terrible a no estar a la altura y jamás encontrará el momento adecuado para hacerla. Siempre será preferible quedarse con la duda de cómo habrían salido las cosas, a enfrentarse a malas críticas o equivocaciones. Esta situación llevará una vez más al perfeccionista hacia un pozo de culpabilidad, tristeza, autocríticas crueles y ansiedad. El círculo vicioso siempre estará activo.

Procrastinar es una posible consecuencia del perfeccionista patológico

Es muy importante acudir a un especialista cuando nos encontremos acorralados por este síndrome. Ser perfeccionista nos llevará hacia una vida de infelicidad e insatisfacción permanente, que no solo hará sufrir al afectado, sino a cuantos le rodean. Principalmente, porque el nivel de exigencia creado para nosotros es el mismo que tenemos hacia los demás. Deseamos que nos obsequien con los mismos comportamientos impecables que estamos dispuestos a regalar, nuestras expectativas hacia los demás son altísimas, lo cual nos llevará a la decepción en multitud de ocasiones. Nos hará llegar a pensar que nadie está a nuestra altura, nosotros no nos equivocamos, somos perfectos. Es probable que tales pensamientos nos arrastren hacia un fracaso social que no seamos capaces de entender. Ni se nos pasa por la imaginación, que a nadie le gusta sentirse examinado a cada paso del camino. Lo normal es que espantemos con nuestra actitud rígida y estricta a cuantos se acerquen a conocernos.

perfeccionismoComo dicen, en su antes mencionado libro, los Dres. Manuel Álvarez Romero y Domingo García Villamisar, el perfeccionismo debe ser un medio y no el objetivo.

En cuanto el perfeccionista decida abordar el problema, el terapeuta le ayudará a comprender que equivocarse o fracasar no es el fin del mundo, es un paso más en el camino del cual se puede y debe también aprender. Como recita el dicho “No es importante cuantas veces te caes, sino las que te levantas”

A continuación expondremos un cuestionario que podrán rellenar aquellos que duden si padecen el síndrome del perfeccionista o anancasticismo

CUESTIONARIO

Describa con pocas palabras como se dan estos aspectos en su conducta y cómo los vive habitualmente.

1.- Perfeccionismo, detallismo, minuciosidad.
2.- Hiperresponsabilidad.
3.-

Elevada valoración del orden, la limpieza, la puntualidad, etc. Estimación alta de la normativa

(o sea, de los modos establecidos de hacer las cosas).

4.- Imaginación exagerada, muy suelta. Facilidad para la asociación de ideas de modo espontáneo.
5.- Tendencia a la rigidez. Dificultad para la flexibilidad ante los cambios que se producen respecto a lo previsto.
6.- Sentido de la justicia muy marcado. Le afectan mucho las injusticias propias o ajenas.
7.- Radicalidad al enjuiciar la propia tarea, como buena o mala, en razón de la calidad lograda o del tiempo empleado, tendiendo a excluir las calificaciones intermedias (regular, mediano, casi bien, etc.).
8.- Tendencia a prever y a “amarrar” los aspectos de un plan futuro. Dificultad para vivir la imprevisión o la indeterminación de los planes.
9.- Gran capacidad de análisis ante una situación concreta, considerando muchas posibles salidas o propuestas.
10.- Pluralidad de opciones ante una situación o problema sin saber cual dejar porque ninguna es óptima pero tampoco es desechable.
11.- Exigencia grande consigo mismo/a y con los demás.
12.- Dificultad para delegar por el convencimiento de que no harán las cosas con suficiente corrección.
13.- Sobrevaloración de la opinión que los demás puedan tener respecto a la propia conducta.
14.- Falta de espontaneidad y naturalidad en la propia actuación con tendencia a hacer lo que esperan de uno/a.
15.- Teniendo seguridad intelectual (es decir, sabiendo que lo que se hace está bien o mal) hay falta de seguridad afectiva (o sea, necesidad de que los demás comprendan y aprueben la propia actuación, por eso se tiende a dar explicaciones de la propia conducta).
16.- Autorreproche frecuente: “Debo dar más”. En fase depresiva se suele decir: “soy una inutilidad”, “no valgo para nada”.
17.- Escasa expresión de los propios sentimientos. Tendencia a ser serio y formal.
18.- Exagerada valoración de la eficacia y del trabajo con detrimento del disfrute por lo que se hace y por lo que se ha hecho.
19.- Descuido de las relaciones interpersonales y las amistades en razón de que siempre hay algo más importante que hacer.
20.- Con frecuencia, un estímulo concreto (teléfono, timbre, llamada, …), suele provocar en mi mente una respuesta concreta y segura, pero después compruebo que se trataba de otra cosa o que venía a indicar un significado diferente, (no era para mí, no era lo que esperaba, …). Es decir, tiendo a anticipar las respuestas interiores. ¿Me ocurre?
21.- Tengo ideas fijas y reiterativas de difícil dominio o control.
22.- Subjetivismo marcado. Tendencia a la adhesión al propio punto de vista (que percibo como claro e indiscutible) de tal manera que tiendo a pensar que si los demás discrepan es porque les faltan datos, experiencia, entendimiento del problema, etc. si no, opinarían como yo.
23.- Tendencia a resaltar más lo negativo y por hacer que lo positivo y ya hecho, tanto en mis tareas como en las ajenas.
24.- Tendencia a conservar cosas por si resultan útiles alguna vez. Cuesta desechar papeles, objetos, etc.

Si responde afirmativamente a la mayoría de estas preguntas, es muy posible que Ud. Se encuentre en riesgo de sufrir un trastorno perfeccionista, de lo que le convendría consultar lo antes posible.

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Autor:Susana Alba Montalbano

Guionista, escritora y redactora en GabinetedePsicologia.com

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