Imagen corporal y autoestima

imagen corporalEn las últimas décadas del siglo anterior y principios de este se ha ido consolidando un culto al cuerpo en el que la búsqueda de la belleza ideal es el objetivo a conseguir. Un ideal de belleza regido por los cánones de una sociedad que, al contrario que en la antigüedad, son en muchas ocasiones bastante incompatibles con la salud y con la realidad de la mayoría de las personas. Para adaptarnos a este modelo de belleza nos apuntamos a gimnasios, hacemos dietas, compramos productos supuestamente milagrosos, nos hacemos cirugías de todo tipo y aún así no estamos satisfechos. Seguimos en la búsqueda de la perfección que no llegamos a encontrar. Esto nos frustra y hace que aumente nuestro nivel de autocrítica y con ello disminuya nuestra autoestima. A su vez, hace que nuestras relaciones sociales se vean afectadas. En definitiva, esa búsqueda de la belleza ideal donde realmente nos lleva es a no valorarnos ni aceptarnos como realmente somos, generándonos una inmensa inseguridad y un profundo malestar.

La imagen corporal es uno de los componentes de la autoestima

Podemos entender la autoestima como el concepto que tenemos de nuestra valía, basada en los sentimientos, pensamientos, sensaciones y experiencias que tenemos en relación con nosotros mismos. Dependiendo del concepto que  tengamos de nosotros, así actuaremos en las diferentes facetas de nuestra vida. La imagen corporal es uno de los componentes de dicha autoestima.

La imagen corporal se define como la representación del cuerpo que cada persona construye en su mente y la vivencia que tiene del propio cuerpo. Esta imagen no solo la construimos nosotros, también nuestro entorno. Recibimos mensajes por parte de familia, amigos, televisión, revistas…Este influjo constante, sumado a una visión distorsionada de uno mismo pueden hacer que conformemos una imagen corporal negativa.

La imagen corporal se define como la representación del cuerpo que cada persona construye en su mente (Raich, 2000) y la vivencia que tiene del propio cuerpo (Guimón, 1999). Nuestra imagen corporal no la construimos solo nosotros: influyen también las personas y nuestro entorno. De modo constante, recibimos mensajes relacionados con nuestro cuerpo de modo directo o indirecto, por parte de familia, amigos, televisión, revistas, cine…Este influjo continuado, sumado a la visión distorsionada de uno mismo y un exceso de autocrítica pueden hacer que conformemos una imagen corporal negativa que nos produzca un intenso malestar. Incluso puede llegar a desembocar en trastornos psicológicos como la dismorfofobia (fobia a una determinada parte de nuestro cuerpo), anorexia, bulimia, vigorexia, problemas sexuales, depresión, etc.

Los componentes perceptivos, cognitivos y conductuales son muy importantes a la hora de conformar nuestra imagen corporal. Es conveniente prestarles mucha atención a la hora de construir dicha imagen corporal. El objeto de esto es que aprendamos a vernos con la mayor objetividad posible, que sintamos menos malestar y que pensemos de la manera más favorable en nosotros mismos. Más favorable para nosotros, se entiende. Deberíamos pasar de querer cambiar nuestro cuerpo a toda costa a modificar la relación de la mente con nuestro cuerpo. La finalidad de este giro de 180 grados es la autoaceptación incondicional.

Muchas veces, nuestra percepción está dañada. Un ejemplo es el de aquellas personas que se miran al espejo y se ven gordas, cuando en realidad no es así. Existe una analogía que nos ayuda a comprender estos errores en la percepción: la del daltónico. Una persona daltónica tiene una percepción que no coincide con la de las demás personas. Un daltónico estaría completamente convencido de que lo que ve verde es verde, aunque los demás lo veamos rojo. Si no aceptase que la percepción distorsionada es la suya, no se le podría ayudar nunca y siempre querría cruzar los semáforos con peligro de su vida. Lo mismo sucede con la distorsión de la imagen corporal.

Las personas con baja autoestima, muchas veces piensan de forma negativa y distorsionada

Por lo general, tendemos a exagerar el tamaño, la forma o la cualidad del supuesto defecto. Nos centramos de manera selectiva y obsesiva en aquellas partes que menos nos agradan olvidándonos del resto. La percepción va a estar condicionada por la forma de pensar que tengamos y/o la forma  de interpretar nuestro yo. Las personas tenemos un diálogo interno con nosotras mismas constantemente y, a veces, no somos conscientes del contenido y la forma de aquello que nos decimos. Cuando se tiene una baja autoestima, muchas veces, se tiene una forma de pensar excesivamente negativa y distorsionada. Es decir, pensamientos que no guardan correspondencia con la realidad. Así, el primer paso sería conocer nuestra forma de pensar e identificar los pensamientos que nos perturban para después poder modificarlos: saber cuándo nos herimos.

Muchas veces, nuestra autopercepción está dañada. Tendemos a exagerar el tamaño, la forma o la cualidad del supuesto defecto. Nos centramos de manera selectiva y obsesiva en aquellas partes que menos nos agradan olvidándonos del resto. Cuando se tiene baja autoestima, muchas veces pensamos de forma excesivamente negativa y distorsionada. Conviene identifican los pensamientos que nos perturban para después poder modificarlos.

 Cash elaboró un listado de errores cognitivos que se cometen en muchas ocasiones a la hora de crear nuestra imagen corporal. Algunos de ellos son:

  • La bella o la bestia: error de tipo dicotómico; es un pensamiento de todo o nada: “o soy atractivo/a o soy feo/a” “o peso lo que quiero o soy gordo/a”.
  • El ideal irreal: que se refiere al uso del ideal social como un estándar de apariencia aceptable.
  • La comparación injusta: normalmente la gente se compara con aquellas personas que tienen las características que le gustaría tener. No con la gente común.
  • La lupa: se refiere a la tendencia de observar únicamente y de manera muy detallada sólo las partes que se consideran más negativas de la propia apariencia.
  • La mente ciega: es cuando se minimiza o descuida cualquier otra parte del cuerpo que pueda considerarse mínimamente atractiva.
  • La mente que lee mal o la mala interpretación de la mente: es la distorsión que hace posible “leer” o interpretar la  conducta de los demás en función de algún fallo en el aspecto corporal. “La gente no es simpática conmigo por mi peso” o “no tengo novio porque soy gorda”.

Los pensamientos distorsionados respecto a nuestro cuerpo nos generan malestar emocional

 Esta forma equivocada de pensar, que suele ser obsesiva, nos genera un malestar emocional. Un ejercicio que puede ayudarnos es analizar nuestro diálogo interior (empezar a fijarnos en él: qué me digo, cómo me lo digo) y ver si cometemos alguno de estos errores. De ser así lo identificaremos e intentaremos crear un pensamiento alternativo donde no aparezcan estas distorsiones y sean pensamientos más constructivos. Por ejemplo, si nos escuchamos diciendo “soy horrible, nunca voy a poder ser feliz porque tengo unas caderas muy anchas” podemos oponer el siguiente pensamiento alternativo más ajustado a la realidad: “Tengo las caderas anchas, pero el resto de mi cuerpo es bonito; y tengo otras cualidades que me pueden llevar a la felicidad si yo quiero. Mis caderas no tienen por qué impedírmelo”. Este es sólo un ejemplo realista de cómo podemos mantener un dialogo interno racional. No negamos que tengamos unas caderas anchas (si es que objetivamente y después de medirlas y comparar la medida con la población normal así es) pero no exageramos la influencia que pueda tener en nuestras vidas el tener unas caderas anchas. Al principio cuesta trabajo identificar los pensamientos distorsionados que nos hacen daño y modificarlos, pero con la práctica podemos llegar a conseguirlo.

 El escritor y filósofo Thoreau dejó escrito: “La opinión pública es una débil tirana comparada con nuestra propia opinión íntima. Lo que el hombre piensa de sí mismo es lo que determina su destino”. Las personas con baja autoestima tienen una voz crítica muy fuerte, es como si constantemente estuvieran sometiendo a juicio a su cuerpo. Esta voz interna es la que marca cómo nos sentimos y cómo actuamos. Por ello, hay que conseguir aprender a dejar de escucharla, a dejar de creer en ella y a combatirla.

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Autor:Víctor Boglar

Periodista y escritor

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