Depresión infantil

depresión infantilCuando hablamos de depresión infantil o de que un niño está deprimido, muchas personas pueden creer que esto es una exageración: ¿cómo va a deprimirse un niño si lo tienen todo?, ¡pero si no tienen preocupaciones!, ¡ya me gustaría a mí estar en su lugar!, etc. La idea de que los niños son y deben ser felices está muy extendida entre la sabiduría popular. Lamentablemente los niños también sufren y aunque deberían ser felices en muchas ocasiones no lo son.

El desarrollo cognitivo a esa temprana edad no permite al niño encontrar una explicación lógica a todo lo que ocurre a su alrededor, lo que le genera un estado de gran inseguridad. Cuando un niño se encuentra inseguro, se empieza a preocupar. Los niños están llenos de preocupaciones y no sólo por problemas del mundo real, sino también por los de su mundo imaginario.

Si pensamos un poco nos daremos cuenta que en ocasiones nuestra forma de educar dota al niño de numerosas responsabilidades: estudiar, ser bueno, hacer su habitación, comer bien, etc. Esto es positivo para el niño, para que vaya aprendiendo, pero puede ser un arma de doble filo. Si nos pasamos con nuestra exigencia puede que el niño no llegue a los objetivos, o incluso que desarrolle un sentido extremadamente crítico consigo mismo. De esta forma aparecería lo que llamamos la indefensión aprendida que como su nombre indica es un estado de indefensión que uno va aprendiendo ante sucesivos fracasos: “haga lo que haga no lo voy a conseguir”.

Esta indefensión aprendida es un caldo de cultivo extraordinario para que aparezcan todo tipo de sentimientos negativos en el niño: miedo, inseguridad y tristeza. Si este estado se mantiene el que aparezca una depresión es cuestión de tiempo.

Los síntomas de una depresión infantil son numerosos y pueden ir desde un estado de tristeza y falta de interés por las cosas hasta un estado de irritabilidad, desde la hipoactividad hasta la hiperactividad; falta de concentración, indecisión, pérdida de memoria, baja autoestima, descenso del rendimiento, aislamiento, protestas, rabietas, consumo de drogas, pérdida de peso, enuresis, dolores múltiples, pesadillas, cambios en los hábitos del sueño y de la alimentación, etc.

Por supuesto tampoco debemos olvidar que en la depresión infantil también hay como en los adultos una serie de factores de riesgo como son: enfermedades, muerte de familiares, cambios, separaciones, divorcio, fracaso escolar y con amigos, etc. También influye la propia biología del niño, su carácter y su percepción de las cosas.

Es importante tener en cuenta que en numerosas ocasiones un estado depresivo puede estar asociado a un trastorno de ansiedad o a problemas de conducta, por esto es de gran importancia realizar un buen diagnóstico que nos determine las causas del trastorno para así poner las soluciones necesarias al mismo.

En el tratamiento de la depresión infantil se realizan diferentes intervenciones: a nivel individual con el niño, a nivel familiar dando pautas a los padres y a nivel escolar en colaboración con los profesores.

Una depresión en un niño no sólo le roba un tiempo de su infancia, un tiempo de “ser feliz”, sino que también puede influir de forma muy negativa a su desarrollo. Si usted tiene sospechas de la existencia de rasgos depresivos obsérvelo y si ve que no desaparecen no dude en pedir consejo profesional, en estos casos la labor de prevención es muy importante.

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Autor:Fernando Azor

Psicólogo clínico y director de PsicologodeCabecera.com y de Gabinetedepsicologia.com.

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