Es posible que se haya preguntado alguna vez por qué razón se produce este fenómeno. Le habrá sucedido en alguna ocasión, que al querer recordar el nombre de un actor, de un deportista… tiene la certeza de que conoce su nombre pero no es capaz de decirlo en voz alta. Probablemente le vendrá a la cabeza: ¿es Paul?, ¿Jack?, sabe que no es ninguno de ellos pero tiene la sensación de que está cerca. Incluso puede recordar la última película en la que lo vio actuar, su cara. De repente recuerda: ¡Pitt, Brad Pitt!.
Este fenómeno se repite con cierta frecuencia en la vida de cualquier persona y a veces tardamos unas horas, a veces días y a veces nunca llegamos a recordar lo que buscamos. En un experimento realizado con 56 estudiantes universitarios, se les leyeron 49 definiciones de palabras bastante raras (ábside, nepotismo…) y se les pidió que indicaran de qué palabra se trataba. Aparecieron 360 fenómenos de tenerlo en la punta de la lengua. Una definición era: “un instrumento de navegación usado en la medición de distancias angulares, especialmente la altitud del sol, la luna y las estrellas”. Antes de seguir, tómese un tiempo para anotar en un papel a que palabra o palabras puede corresponder esta definición. Es probable que haya pensado en algunas de éstas: telescopio, astrolabio, brújula o transportador, parecidas en significado, o también en éstas otras: sexteto, secante y sexta, parecidas al sonido de la palabra.
En otro experimento presentaban, también a estudiantes, caras de personas famosas. La forma de recuerdo más común era primero recordar la profesión, después la última vez que la habían visto, la primera letra del apellido, el número de sílabas de su nombre y por último un nombre de sonido similar al que finalmente solían recordar.
De éstos experimentos se deriva la siguiente conclusión: recordamos por el significado de la palabra pero también por el aspecto y el sonido de ésta.
Hay personas que cuando les ocurre este fenómeno con cierta frecuencia, se preocupan al pensar que están perdiendo facultades o que están comenzando un proceso de demenciación. Bueno, pues nada más lejos de la realidad.
La ansiedad es un factor que puede facilitar éste fenómeno tan peculiar. Cuando es necesario recordar algo y se vive como muy catastrófico no poder hacerlo, es relativamente común que bloqueemos el acceso a la memoria con pensamientos del tipo: “¿cómo era?, ¡no es posible que se me olvide!, ¡tengo que recordarlo!”. Quizás el mejor consejo en esos momentos sea olvidar temporalmente el motivo de la preocupación para, pasados unos minutos, retomar el hilo más tranquilamente.
Unas buenas recomendaciones para mejorar su memoria: lo primero, algo evidente pero no por ello menos importante, para recordar algo hay que prestar atención. Para recordar algo a corto plazo, se pueden realizar repeticiones y fraccionamientos de la información para que se almacenen mejor los datos. Para memorizar a largo plazo, cuanto más significado sea capaz de dar, o cuantas más asociaciones pueda establecer con otras informaciones, mejor la recordará. Piense en reglas que probablemente aprendió hace años como: “la semana es más pequeña, va antes del mes”, que le sirvió para saber que se dice: “se me cayó” y no “me se cayó”.
En la vida cotidiana puede utilizar los siguientes “trucos” para mejorar su memoria: escríbase notas y déjelas en sitios visibles. Apunte sus citas y compromisos en una agenda y compruébela cada mañana. Cámbiese el anillo de dedo, cambie el reloj de mano para facilitar el recuerdo. Intente a lo largo del día hacer un repaso a la lista de cosas para hacer, intentando recordarlas antes de mirar el papel.
¡Por cierto la palabra era sextante!.







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