1 respuesta

  1. evakairo
    Octubre

    Estoy totalmente de acuerdo con este post, en mi caso lo relaciono con el trastorno de pánico…Cuando empecé la terapia el principal problema que tenía era que no toleraba ese angustioso y horrible mal estar, es tan desagradable que necesitas, deseas y “exiges” que acabe ya no le quieres ceder ni 5 minutos…
    Uno de mis primeros ejercicios fue sentarme y convivir con esas sensaciones, pánico, pérdida de control, necesidad de tomarme mi pastilla al instante porque creía que no era capaz de soportarlo etc…, para sorpresa mía una noche que vino a verme el “yuyu” como yo le llamo, me quede sentada notando ese frío, esa sudoración helada, el corazón a 200 un miedo atroz a lo que sea, y me dije “muy bien, de aquí no pasas, te conozco mucho y esto es lo peor que me vas a hacer”…a los pocos minutos las sensaciones comenzaron a bajar, se cansaron de luchar contra mi porque no quise darles importancia y tal como vinieron se fueron.
    Con esto no quiero decir que no me volviera a dar ningún yuyu y que en otras situaciones que no estaba en casa si me tomé la pastilla, pero a partir de ese día necesito mucho menos los fármacos y tolero mucho más las sensaciones, la palabra y el truco es ACEPTARLAS.
    Pienso que será igual a cuando alguien tiene un accidente y se queda cojo por ejemplo, y se niego a aceptar que cojea, y trata de no cojear nunca con lo cual cojea más, hasta el día que se dice, estoy cojo y no pasa nada, voy a convivir con mi cojera.
    La ventaja es que lo nuestro no es permanente.
    @panicogirl

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