Dentro del proceso de socialización, las personas buscamos maneras de ser aceptados y de ser bien valorados. Buscamos vestirnos con ropas acordes a la moda, utilizamos palabras y expresiones propias de los grupos a los que deseamos pertenecer, y por supuesto, nos aseamos, usamos jabones con diferentes aromas, desodorantes y colonias.
El olfato nos ayuda a saborear los alimentos y identificar aquellos que están en mal estado, y según se desprende de investigaciones más o menos recientes también nos sirve para elegir una pareja genéticamente compatible con nosotros mismos. Los olores se asocian fácilmente con imágenes, sonidos y sensaciones dando a los buenos y malos recuerdos una mayor intensidad.
Saber que oler inadecuadamente puede generar el rechazo de otras personas, nos hace que en ocasiones deseemos revisar nuestro aliento. Es una reacción totalmente lógica, y no tiene nada de patológico.El problema aparece cuando el miedo al rechazo genera búsquedas incesantes de certezas. A partir de aquí podremos empezar a hablar de halitofobia. El miedo puede impulsar a la persona a revisar constantemente su olor bucal, a lavarse los dientes muy frecuentemente a lo largo del día, a hacerse limpiezas de encías mensualmente, a evitar estar a menos de unos cuarenta centímetros de otra persona, a evitar las relaciones de pareja para no aproximarse en exceso, y a observar constantemente las reacciones de las personas con las que conversa para identificar si el otro se ha percatado de su mal olor y de ese modo alejarse más o acabar la conversación. El problema de todas estas conductas es que aun no siendo cierta la existencia del mal aliento cada vez se acrecienta más el temor convirtiéndose en un miedo irracional e inevitable para quien lo sufre. Parece que un 25% de las personas que dicen padecer halitosis, finalmente no la tiene. Al estudiar el número y tipo de bacterias alojadas en su boca, resulta que no es suficiente como para justificar su percepción. Por tanto parece que la obsesión por no oler mal lleva a esa distorsión, la focalización de la atención en sensaciones olfativas hace que cada vez que se percibe un mal olor se adjudique a uno mismo.
La halitofobia aparece con cierta frecuencia asociada a cuadros obsesivo-compulsivos. Cuando es así, el miedo tiende a generalizarse a más olores corporales: sudoración de axilas, olor derivado de tener la menstruación, olor derivado de haber ido al baño y olor de los pies. De igual modo las conductas que intentan certificar que no hay mal olor en ese momento (normalmente sin éxito), se suceden en el tiempo y agravan la percepción negativa del hedor.
Fernando Azor Lafarga
Director del Centro







Medicos especialistas
Óptim Psicólegs, Psicología en Girona
Psicologia y Coaching online
Psicologo Forense, Judicial en Madrid




Trackbacks/Pingbacks
[...] el trastorno de ansiedad generalizada, el trastorno obsesivo-compulsivo y el trastorno de pánico, una fobia es un trastorno de ansiedad. Se caracteriza por un miedo extremo e irracional hacia un animal, un [...]