Recibimos mensajes de los profesionales de la salud sobre lo beneficioso que es el ejercicio físico. Nos cuentan que el deporte, especialmente aquel que activa el corazón de manera moderada y constante, fortalece el sistema vascular, tonifica los músculos, e incluso estudios serios constatan un aumento de la esperanza y calidad de vida entre las personas que regularmente practican un deporte, por encima de los que no.
A pesar de estos consejos, no es fácil para la mayoría de las personas mantener una constancia en el deporte consiguiendo intercalar el ejercicio con las obligaciones diarias. La motivación para practicar un deporte es diferente para cada uno e influyen diferentes aspectos:
las rutinas que componen la vida, el deporte practicado durante la infancia y el efecto beneficioso que ha producido, problemas físicos o dolencias (puede dificultar la practica o favorecerla con el fin de subsanar las dolores o lesiones), el deseo o necesidad de verse bien o de seducir por medio del aspecto, el tipo de personalidad (alguien impulsivo iniciará rutinas que luego serán difíciles de mantener, alguien más obsesivo y metódico tenderá a serle más sencillo ser constante) y por último algo que se ha demostrado relevante para predecir la constancia en el deporte: los niveles de optimismo. Este último aspecto merece una atención especial. El optimismo está en relación directa con la manera con la que interactuamos con el mundo. El optimismo ayuda a que tomemos decisiones mejores, a que nos centremos en aspectos de la realidad que nos motiven para alcanzar las metas que deseamos. El optimista tiende a gestionar mejor sus objetivos puesto que descarta antes los que considera irrealistas. Un supuesto fracaso tiende a atribuirlo más a una mala decisión y no a él mismo. Hablo del optimismo en este punto porque extrayendo su esencia podemos encontrar elementos que ayuden a ser constantes en una actividad deportiva: fijarnos objetivos realistas que se adapten a nuestra capacidad, junto con una planificación de rutinas que favorezcan el ejercicio, ayudará a que la actividad deportiva se interiorice más fácilmente en la cotidianeidad de la persona. Es preferible hacer ejercicio dos días a la semana que no hacer nada, es preferible rendir la mitad en una clase de aerobic que no entrar por que es muy intensa para mi. Si alguien que quiere hacer ejercicio se centra sólo en el frío que hace por las mañanas para salir a correr, probablemente sea mejor que duerma un rato más y que se inscriba a medio día en un gimnasio para pedalear en una bici treinta minutos. Es decir tomar decisiones para que sea más probable tener éxito.
Actualmente se muestran como muy interesantes herramientas informáticas para favorecer la motivación en el deporte. En concreto las derivadas de aparatos que miden distancias recorridas, tiempo de ejercicio, calorías consumidas, y que además permiten publicar en internet esos resultados compartiéndolos con amigos y favoreciendo así una sana competición por cumplir con el programa previsto de entrenamiento. No siempre el nivel de tecnificación de cada uno hace de esta alternativa una opción accesible, pero desde luego merece la pena tenerlo en cuenta.
Por último es necesario insistir en que el cuerpo necesita que se le canse. De esta forma, como si de una pila que hay que recargar se tratara, de vez en cuando hay que gastarla casi completamente para que la recarga sea mejor y más duradera. En el caso del cuerpo humano al cansarlo regularmente favorecemos que se generen reservas saludables de energía dándonos sensación de menor cansancio después y por tanto la sensación de mayor bienestar aumentará. De hecho, en cuanto se llega a experimentar esta sensación, la motivación para el deporte irá aumentando y se favorecerá practicarlo con más regularidad. Para lo que no están en forma, deben recordar que esto es un proceso y que poco a poco podrán conseguir nuevas metas.







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