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Tics: Hábitos Nerviosos

Parpadear constantemente, mover el cuello de forma brusca, morderse las uñas, tocarse el pelo e incluso tartamudear son algunos ejemplos de hábitos nerviosos. 

¿Cómo se inicia un hábito nervioso?. En la mayoría de los casos los hábitos son al principio conductas completamente normales.

A menudo, morderse las uñas comienza a causa de irregularidades en la uña o la cutícula; un movimiento convulsivo de un hombro, de la cabeza o el brazo puede empezar tras una lesión física, y continuar incluso después de que la lesión esté completamente curada. Muchas personas declaran haber empezado a realizar un gesto determinado de forma inconsciente al imitar a un miembro de la familia que tenía el hábito. El tic suele empezar con una frecuencia baja para ir aumentando poco a poco a lo largo de los meses, entrelazándose con el resto de las conductas normales. Debido a lo gradual del aumento, la persona se va acostumbrando fácilmente a las consecuencias negativas, resultando extremadamente difícil valorarlas. 

Las personas con hábitos nerviosos, se sienten muy incómodas con el hábito: “me hace parecer estúpido”, “Las chicas me evitan”, “la gente se siente incómoda mirándome a la cara”... Pueden tener la sensación de que su problema les hace completamente diferentes del resto de sus conocidos. La consecuencia puede ser una actitud reservada, distante, que dificulte la posibilidad de pedir una ayuda para poder eliminar el tic. Veamos algunos datos: cuarenta millones de personas en el mundo se comen las uñas, cuatro millones tartamudean, ocho millones se tiran del cabello, uno de cada cien realiza movimientos musculares compulsivos y persistentes... Alguno de estos hábitos es tan común que casi con seguridad alguna de las personas que usted conoce ha tenido uno o más de ellos en algún momento de su vida. 

Padecer un tic nervioso no es indicativo de padecer algún trastorno de personalidad ni nada por el estilo. Las razones por las que aparece un hábito son totalmente normales: imitar a otros, un problema médico ya corregido, práctica excesiva de un movimiento normal, falta de conciencia y el hecho de que los demás se abstengan a señalar lo evidente del hábito. En todo caso la ansiedad elevada y el cansancio físico pueden influir aumentando el número de repeticiones.

A pesar de que muchos tics son fácilmente observables desde fuera, para la persona que lo tiene no siempre es así. La automatización hace que no haya conciencia de estar realizándolo, impidiendo darse cuenta de la frecuencia y de lo evidente que resulta para los demás. Por otra parte, una vez se instaura el hábito es común que las personas de alrededor finjan no darse cuenta. 

Un buen consejo para comenzar a superar un tic es observar cómo es (ayudándose de un espejo para conocerlo mejor) y en qué momentos aumenta su frecuencia, de esta manera se hace consciente el hábito y será mucho más fácil enfrentarse a él. Si usted o alguien que conoce, tiene algún hábito nervioso no lo esconda, busque el apoyo de un psicólogo, obtendrá buenos resultados.

 

 

Fernando Azor Lafarga
Director del centro

 

 

 

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