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MANEJO DE LOS CONFLICTOS II

El mes pasado comenzamos a ver maneras de entender el conflicto en función de la personalidad de cada uno. En esta ocasión nos vamos a centrar en las personas que rehuyen los conflictos y los efectos que sobre ellos tiene esta actitud.

Como ya adelanté tener conflictos no es grato para nadie. Una forma de no tenerlos pasa por minimizar lo que los demás nos dicen o hacen. Por ejemplo si un amigo nos debe dinero desde hace unos meses y no lo devuelve es más fácil convencernos de que está pasando una mala racha, que plantearle qué pasa con el dinero. El problema es que como el tema no se resuelve, existe cierta probabilidad de acabar enfadado cuando uno crea que ya es temer “demasiada cara” llevar tanto sin devolverlo. Para afrontar los conflictos es necesario que la persona tenga claro, primero si tiene derecho a estar en desacuerdo, segundo si puede mostrar su necesidad y tercero si está dispuesto a no ser evaluado siempre de manera positiva. Empecemos por esta última, creo que todo el mundo sabe que es imposible que los demás nos miren siempre bien. Sin embargo no siempre actuamos en esta línea.

Es fácil hacer demasiado por evitar que nos etiqueten, sobre todo en las pequeñas cosas, pero a la larga no convivir con las reprobaciones de los demás nos hace muy vulnerables a las críticas negativas. Para conseguir ser más capaces de afrontar los conflictos y sobre todo para no quemarnos demasiado con las conductas de los demás, es necesario que vayamos aprendiendo a convivir con ciertas dosis de malestar social derivado de situaciones cotidianas. Por ejemplo, si a uno le molesta que fumen al lado será bueno pedir si pueden cambiar de lado el cigarro, o si pueden apagarlo… como decía eso es imposible si uno no quiere afrontar haber parecido algo borde, intolerante, etc. Pero igual resulta más fácil no hacer nada por evitarlo que estar buscando maneras de no darle importancia (aunque sí la tenga). Esto no es fácil pero cuanto más se practica, más tolerable es lo que los demás piensen de uno. Cuando uno va avanzando en esto aparecen miedos relacionados con poder volverse egoísta, o que se pueda pasar demasiado de lo demás, pero como en todo el paso del tiempo acaba demostrando que lo único que pasa es que la opinión de otros vale, pero no tanto como antes, aumentando así la independencia y la seguridad en uno mismo.

No haber puesto en práctica hasta el momento estas pautas o no haber afrontado bien el conflicto no significa que no se pueda hacer, simplemente hay que familiarizarse con otras maneras de manejarse, lo importante es ponerlo a prueba y que sean los hechos quienes digan si merece la pena ir por este camino.

 

 

Fernando Azor Lafarga
Director del centro

 

 

 

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